Hiponutrición perinatal y efectos psicoactivos de cocaína y morfina : posible participación en la vulnerabilidad a la adicción /

La nutrición es uno de los derechos humanos básicos, ya que una alimentación adecuada es fundamental no solo para el desarrollo fisico del individuo sino también para su desarrollo intelectual, emocional y social. No obstante, y a pesar de que en el mundo se producen alimentos suficientes para los h...

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Main Author: Valdomero, Analia Universidad Nacional de Córdoba. Facultad de Ciencias Químicas. Departamento de Farmacología. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Instituto de Farmacología Experimental de Córdoba
Other Authors: Cuadra, Gabriel Ricardo Universidad Nacional de Córdoba. Facultad de Ciencias Químicas. Departamento de Farmacología. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Instituto de Farmacología Experimental de Córdoba (Thesis advisor), Orsingher, Otto A. Universidad Nacional de Córdoba. Facultad de Ciencias Químicas. Departamento de Farmacología (cths), Hallak, Marta Elena Universidad Nacional de Córdoba. Facultad de Ciencias Químicas. Departamento de Química Biológica. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Centro de Investigaciones en Química Biológica de Córdoba (cths), Agnese, Alicia Mariel Universidad Nacional de Córdoba. Facultad de Ciencias Químicas. Departamento de Ciencias Farmacéuticas. Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (cths)
Format: Thesis Book
Language:Spanish
Published: Córdoba : [s.n.], 2005.
Subjects:
Description
Summary:La nutrición es uno de los derechos humanos básicos, ya que una alimentación adecuada es fundamental no solo para el desarrollo fisico del individuo sino también para su desarrollo intelectual, emocional y social. No obstante, y a pesar de que en el mundo se producen alimentos suficientes para los hombres, mujeres y niños que lo habitan, la desnutrición es un problema que afecta a un tercio de la población mundial infantil. En la actualidad, más de 5 millones de niños menores de 5 años mueren anualmente a causa de la desnutrición. Aproximadamente 150 millones de niños presentan un peso inferior al normal para su edad, mientras que otros 175 millones no alcanzan la talla normal, reflejando desnutrición crónica, ya que la baja estatura es producto de una carencia prolongada de nutrientes (Bellamy, 2005). La malnutrición, especialmente la malnutrición proteico-energética, constituye un grave problema sanitario sobre todo en países en vías de desarrollo. Afecta principalmente a niños menores de 5 años y contribuye con el 60% de las muertes en este sector de la población. Según datos aportados por el Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (CESNI, Organización No Gubernamental consultora de la OMS) en nuestro país unos 9 millones de niños padecen de desnutrición. Como consecuencia de una alimentación inapropiada más del 20% de los niños en Argentina sufre una progresiva disminución en su crecimiento (Bellamy, 2005). En Córdoba, un 3.4% de los niños menores de 1 año padecen de desnutrición, la cifra crece al 7% entre los niños de 2 a 5 años y al 9% para los mayores de 5 años. La desnutrición durante los primeros años de vida puede inducir retraso en el crecimiento, disminución en la capacidad de aprendizaje, pérdida de interés y de la capacidad para vincularse con su entorno (Stoch y Smythe, 1976; Grantham-McGregor, 1995; Galler y Barret, 2001). En consecuencia, los niños desnutridos, al ser privados del derecho a desarrollar a pleno su potencial fisico e intelectual, encuentran limitadas sus posibilidades de prosperar en la sociedad. Una adecuada nutrición es esencial para el normal crecimiento y funcionamiento del organismo. En particular, el sistema nervioso central (SNC) es sumamente vulnerable a las deficiencias nutricionales durante su desarrollo. Diversas evidencias experimentales han demostrado que la hiponutrición temprana, en coincidencia con el proceso de ontogénesis del SNC, induce cambios sobre parámetros anatómicos, neurofisiológicos, neuroquímicos y comportamentales, que persisten en el individuo adulto aún luego de prolongados períodos de recuperación nutricional (Morgane y col., 1978, 1993). Los efectos de la malnutrición sobre el desarrollo del SNC dependen de diversos factores, dentro de los cuales se deben destacar: tipo de malnutrición, es decir, si la deprivación es debida a la carencia de calorías, proteínas, vitaminas u otros micronutrientes (yodo, zinc, hierro, etc.). etapa del desarrollo en el que ocurre la injuria nutricional, es decir, si la deficiencia se produce durante el período prenatal o postnatal. En la actualidad, lo más frecuente es que la carencia nutricional comience durante la gestación y se extienda durante la infancia. duración y severidad de la injuria nutricional. Según la hipótesis de Dobbing (1968, 1972, 1981), existe un período crítico en la ontogénesis, durante el cual el SNC es más vulnerable a las carencias nutricionales. Durante este período el cerebro crece a la máxima velocidad posible y lo denomina crecimiento cerebral explosivo ("brain growth spurt"). Esta etapa de crecimiento rápido comienza una vez que la multiplicación de macroneuronas ha cesado, es decir, una vez que se ha obtenido prácticamente el número total de células nerviosas que poseerá el cerebro adulto. Durante este período principalmente se produce la formación de procesos celulares nerviosos (axones y dendritas), conexiones neuronales, microneurogénesis (génesis de células granulares de gyrus dentado, cerebelo y bulbo olfatorio), gliogénesis de oligodendrocitos y mielinización. De manera que, si de alguna forma la hiponutrición interfiere con el normal desarrollo de estos eventos se pueden ver alterado el establecimiento de conexiones sinápticas, el número de oligodendrocitos y en consecuencia los niveles de mielina (Wiggings y col., 1976; Leuba y Rabinowics, 1979). En el ser humano este crecimiento explosivo comienza a partir del segundo trimestre de gestación y se extiende hasta los dos años de edad, donde el cerebro alcanza el 80% de su peso máximo. En cambio, en la rata es un evento principalmente postnatal, y abarca las primeras tres semanas de vida (Dobbing, 1972). Este autor sostiene que durante este período crítico, una dieta inapropiada puede causar daños severos e incluso permanentes en el cerebro adulto que se traducen en alteraciones morfológicas y conductuales (Dobbing y Smart, 1973). En su revisión del año 1993 Morgane y col. realizan un profundo análisis de la hipótesis de Dobbing y critican principalmente el hecho de que, en dicha hipótesis, no se consideran otros procesos fundamentales en el desarrollo del SNC que también son altamente sensibles a injurias nutricionales. La neurogénesis y gliogénesis temprana al igual que la migración de neuronas son procesos que preceden al período de crecimiento explosivo, y no pueden ser ignorados ya que de estos procesos depende la formación normal de los circuitos neuronales que se producen durante el mencionado período. Smart (1986) demostró que cuando la malnutrición se limita a la etapa prenatal en la rata, no solo se inducen alteraciones permanentes a nivel de SNC, sino que los cambios comportamentales son similares a los observados cuando la deprivación nutricional es postnatal. En conclusión, el SNC es vulnerable a las injurias nutricionales durante la gestación y las etapas postnatales tempranas. La mayoría de los nutrientes influyen sobre el proceso de maduración del cerebro. Si bien se ha demostrado que la deficiencia de vitaminas y micronutrientes puede ocasionar daños cerebrales y cambios conductuales (Lozoff, 1989; Poffit, 2000), la carencia de proteínas es especialmente importante, ya que las consecuencias pueden ser realmente alarmantes (Gorman, 1995; Grantham-McGregor, 1995; Galler y Barret, 2001). Las proteínas constituyen la principal fuente de aminoácidos, algunos de los cuales no pueden ser sintetizados por el organismo (aminoácidos esenciales) y por lo tanto son obtenidos solamente a partir de la dieta. Teniendo en cuenta que los aminoácidos son precursores de enzimas, hormonas, neurotransmisores y proteínas estructurales esenciales para el crecimiento del cerebro y demás tejidos corporales, es lógico pensar que la deprivación proteica va a afectar la biosíntesis de estas sustancias y en consecuencia, puede favorecer la aparición de una serie de alteraciones funcionales que pueden conducir a graves trastornos comportamentales. En la actualidad, el problema nutricional más importante es la "mainutrición proteicoenergética" (MPE), que aparece cuando las necesidades de proteínas, energía o de ambas del organismo no son cubiertas por la dieta. Dentro de los cuadros más graves de MPE se incluyen marasmo y kwashiorkor. El marasmo es la forma predominante de MPE en la mayoría de los países en vías de desarrollo, mientras que el kwashiorkor tiende a estar confinado a ciertas zonas del mundo como África y las islas del Caribe y del Pacífico, donde los alimentos básicos son deficientes en proteínas y ricos en almidón. Marasmo, es el resultado de una ingesta alimentaria insuficiente, en donde tanto el aporte de proteínas como el de energía se encuentran limitados. En un intento de suplir el marcado déficit calórico, el organismo del niño marásmico comienza a disponer de las proteínas musculares y de la grasa, lo que causa pérdida de masa muscular y de grasa corporal, dándole una apariencia extremadamente delgada, con un peso menor al 60% del peso correspondiente para su edad. Kwashiorkor, es una palabra de origen africano que significa "enfermedad del primer ho cuando nace el segundo". Suele aparecer cuando el niño deja de ser amantado por su madre debido a la llegada de un nuevo hijo y comienza a ser alimentado con una dieta que es excesivamente rica en carbohidratos y extremadamente pobre en proteínas. Los niños con kwashiorkor presentan, entre otras características clínicas, retraso en el crecimiento y en el desarrollo, edema generalizado y abdomen distendido debido a la ascitis. Ambas formas de malnutrición están asociadas no solo con retraso en el crecimiento sino también con déficit cognitivo y problemas conductuales a largo plazo. Se ha observado que niños con historias previas de malnutrición severa presentan un coeficiente intelectual significativamente menor, problemas de aprendizaje, desórdenes de atención, habilidades expresivas y orales disminuidas, y en consecuencia una menor integración social (Galler y col., 1987; Grantham-McGregor, 1995; Galler y Barret, 2001). También se ha sugerido, a partir de estudios realizados en humanos, que la mainutrición temprana sería un potencial factor de riesgo para la aparición de trastornos de personalidad y desórdenes psiquiátricos, principalmente esquizofrenia y depresión (Brozek, 1990; Susser y Lin, 1992). Los problemas de desnutrición son cada vez más frecuentes, en países en vías de desarrollo por falta de alimentos y en los países desarrollados por la ingesta de dietas inadecuadas, ya sea por desconocimiento de las necesidades nutricionales o por trastornos alimenticios tales como la anorexia. Estos hechos indican que, aunque la pobreza y la desigualdad social son las principales causas de malnutrición, esta condición no es privativa de clases sociales carentes de recursos y puede ser también resultado de trastornos alimenticios presentes en la mujer embarazada. En ambas situaciones las consecuencias pueden llegar a ser devastadoras. El futuro de los niños, en cuanto a la nutrición, comienza con la gestación. Sin embargo, por diferentes motivos un número creciente de personas es alimentado con dietas inadecuadas durante períodos críticos de su desarrollo. Probablemente muchos de esos 6 niños no presenten las manifestaciones extremas de marasmo o kwashiorkor, sino formas menos severas (leves-moderadas) pero no por eso menos importantes en sus secuelas a largo plazo. Otro problema de enorme trascendencia a nivel mundial es la adicción a drogas de abuso, ya que tanto la adicción como las enfermedades afines causan estragos cada vez mayores en la salud y el bienestar de la población del mundo entero. Según el informe anual de la Oficina de las Naciones Unidis contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés) el 5% de la población mundial de entre 15 y 64 años, unos 200 millones de personas, consumió drogas ilícitas en el último año. Se estima que el número de consumidores de sustancias opioides asciende a 16 millones y el de adictos a cocaína a 14 millones. En particular, en Argentina el 1.9% de la población de entre 15 y 64 años consume cocaína. Este índice local es mucho más elevado que el promedio mundial (0.3%) y que el del resto de los países de América del Sur (World Drug Report 2005). Según estudios realizados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), las tendencias mundiales reflejan un aumento general del uso de drogas ilícitas y un inquietante incremento en el consumo de estas sustancias entre los sectores más jóvenes de la población. Se ha postulado que el comienzo temprano y el uso continuo de drogas de abuso es más probable entre jóvenes provenientes de comunidades que tienen una baja calidad de vida, que no brindan apoyo constante a sus niños y con bajas aspiraciones educacionales, factores frecuentemente asociados con la pobreza y la malnutrición. Planteados estos dos graves problemas, hiponutrición perinatal y adicción a drogas de abuso, y considerando las alteraciones que induce la mainutrición temprana en el cerebro en desarrollo surge el siguiente interrogante: ¿puede la desnutrición temprana afectar en alguna manera la reactividad a drogas que inducen dependencia y en consecuencia volver a un individuo más vulnerable a la adicción? El presente trabajo, empleando un modelo experimental de deprivación proteica que abarca un período pre- y postnatal, intenta dar una respuesta a ese interrogante.
Item Description:Trabajo realizado en: Departamento de Farmacología. Facultad de Ciencias Químicas. Universidad Nacional de Córdoba.
Physical Description:ix, 123 p. : il. col. ; 30 cm. + 1 Archivo PDF : [recurso electrónico], 18.31 MB.